23 de septiembre de 2007

¿Eres un servidor de Cristo?

Juan 9:39-41
"Dijo Jesús: Para juicio he
venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean
cegados.


Entonces algunos de los fariseos que
estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos?


Jesús les respondió: Si fuerais
ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado
permanece.
"


Existen muchos seminarios bíblicos que enseñan a hombres sobre temas que luego utilizarán frente a otras personas para “pastorearlas”.

En lo personal, (y siempre recordando al apóstol Pablo que nos enseñó: “Examinadlo todo; retened lo bueno.” 1ªTes.5;21) creo que mucho material que existe en los seminarios es bueno, pero hay otro tanto que es nocivo para las almas.

La mayoría de las veces al salir del seminario, estos hombres y mujeres enseñan lo que han aprendido sin haberlo puesto en práctica primero (a veces hasta con las mejores intenciones). Son muchas veces jóvenes y no han tenido aún experiencia en muchas áreas.

Yo actualmente estoy en pleno proceso de aprendizaje… y creo que moriré aprendiendo.
(”Aprendiendo a morir” qué buen título para un guión de novela cristiana).

No me considero alguien que está "de vuelta" y que no necesita aprender nada más...
Todo lo contrario. ¡Ay de mí si no dependiera segundo a segundo de la gracia de mi Señor!

Lo cierto es que en el pasaje que transcribí al comienzo, los Fariseos (que se consideraban espirituales) creían que por tener estudios estaban por encima del resto, o en una especie de “nivel” que sobrepasaba la media de la población.

Hoy no sucede nada diferente...

Muchos creen que por tener una credencial de pastor, evangelista u obrero, están en condiciones de mostrarse importantes y, lo que es más triste y penoso, consideran que deben ser reconocidos como tales (o sea como hombres importantes).

Dios nos ofrece un conocimiento de Su persona mediante el Espíritu Santo que mora en nosotros. Siempre gracias a la perfecta obra de redención de Jesús (no por otro motivo) quien murió en la cruz, cumpliendo en nuestro lugar con la sentencia del juicio de Dios que pesaba sobre nuestras vidas.

Todo esto lo hizo Dios aún cuando nosotros no habíamos nacido (esto se dá en este caso que estamos de este lado de la historia, pues murió por los que yahabían muerto antes de su época, por sus contemporáneos y por nosotros los “futuros” que habríamos de creer en Sus palabras, Juan 17:20).

Por lo tanto, si Dios nos bendijo sin aún nosotros saberlo... ¿de qué puedes jactarte en tu corazón? ¿De que eres amigo de algún otro hombre que Dios está usando?

¿Sabes una cosa? Ese hombre tenía la misma condena que tú, tenía la misma condena que yo, tenía la misma condena que la que hoy poseen muchos que aún no lo conocen a Jesús.

Si lo piensas bien, no somos más que pecadores perdonados. Medítalo bien.

No pasa un segundo sin que tu mente se aparte del perfecto sendero de gloria.
No existiría para nadie salvación alguna de no ser por la paga de un tercero, Jesús.
O sea que nada bueno que nos pase depende de nosotros, sino del perfecto amor de Dios que constantemente se derrama sobre nuestro ser.

Por lo tanto pregúntate, ¿es tan “importante” codearte con estos hombres a los que admiras?
La comunión entre hermanos crecidos en la fe es necesaria, pero… ¿es necesario que en tu corazón guardes por ellos esa admiración cuando bien sabes que de no ser por Dios, serían quizá peores que el más violento asesino?

Muchas veces haces pública (y a los gritos) tu idolatría hacia tales hombres, desde el mismo púlpito desde donde sólo deberías hablar la verdad de Dios.
¿Sabías que Dios llama a eso idolatría y que la desaprueba en todos los órdenes y formas?

Mientras lo digieres, quiero continuar con otra idea.

El texto que escogí es un fragmento del capítulo en el que el apóstol Juan nos relata cómo Jesús sanó a un hombre ciego de nacimiento.

Luego del impresionante milagro realizado, los fariseos deseaban conocer qué había ocurrido e interrogaron al ciego.

En todo el relato, vemos algo curioso y hasta gracioso: Encontramos a los que supuestamente debían tener conocimiento de las cosas espirituales, preguntándole al ciego qué había ocurrido.

La insistencia, una y otra vez, sobre cómo se había realizado el milagro, logró arrancar del ciego una frase que era todo un testimonio:

Juan 9:26:34

"Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír
otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?
Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés
somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no
sabemos de dónde sea.
Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego.Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer.
Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.
"
¡Qué gran elocuencia!, ¿no?

¿Cuántos años de seminario le llevó al ciego preparar este sermón?
¿Cuántas horas escudriñando las escrituras y analizando su exégesis?
¿Cuántas horas de buscar ilustraciones para dar énfasis en el texto apropiado?
Lo cierto es que… ¡¡¡ NADA !!!

La experiencia de haber sido alcanzado por Jesús es suficientemente poderosa para tocar otras vidas. El TESTIMONIO de lo que hemos “visto y oído”, ¡es herramienta más que suficiente para bendecir a otros con la misma bendición con que fuimos bendecidos por Dios!

Nótese que los fariseos debieron callar, para asombrarse de la gran cantidad de palabras que “de pronto” brotaron de la boca del que había sido ciego. Probablemente esto se debió al fastidio con el que lo cargaron al preguntarle una y otra vez lo mismo. Esto logró que el ex-ciego se parara firme en su convicción de que allí había algo santo.

Esto no era palabrerío. Había un signo santo en medio de esta situación.

Transmite lo que has vivido con Dios. No permitas que la tentación a mostrarte muy elocuente te lleve a “copiar” textos leídos de otros. Experimenta en tí mismo el poder de Dios. Y si no lo alcanzas… será mejor que permanezcas en silencio.

Recuerda: Puedes ser un excelente instrumento en las manos de Dios, sólo si permites que Él te indique cuándo abrir la boca y qué cosas decir. El resto es todo hojarasca y será quemado por el fuego.

Tu sermón de 10 puntos, no podrá atravesar a la eternidad, el poder de Dios que has experimentado, transmitido correctamente, hará que muchos pasen por la puerta estrecha.

En esta puerta, no se admiten a los que quieren entrar a los empujones enarbolando títulos, nombres ó “multitudinarias reuniones en el nombre de Jesús”, por esta puerta (que es muy estrecha) sólo pueden pasar los que han alcanzado reducir su tamaño y pasan sobradamente, para luego ser engrandecidos por Dios, si así Él lo considera.

Busca a Dios en lo sencillo. No compliques las cosas, para no confundir a los demás.

Te dejo un gran abrazo y que el Señor te bendiga !!!

Raimundo

www.mensajedefuego.org




..